Creo que llevo deseando este momento siglos pero no me sale ninguna palabra, así que solo me acerco a ella. Se echa para atrás hasta topar con la pared, y el espacio que la separa de mi desaparece poco a poco. Sonrío. Me acerco a sus labios, la sostengo por la cintura mientras abre la boca. Intenta separarse de la pared cogiéndome también de mi cadera, pero la aprieto de nuevo. Se queja, la callo besándola. Empiezo a subir las manos por su cintura hasta su pecho. Giro mis labios para besar su cuello, noto su temperatura subir lentamente. La agarro fuerte entre mis brazos mientras clavo mis dientes en su cuello. La dejo caer sobre la cama y nos quedamos unos segundos a pocos centímetros de distancia, mi respiración empieza a acelerarse demasiado. Ella lo nota, me quita la camiseta y una mezcla entre deseo y adrenalina se apodera de mi sangre. Subiendo su camisa empiezo a dejar de poder pensar, así que la estampo en la cama en un intento de recuperar el aliento. Tarde. Me acaricia la espalda, definitivamente ha ganado.
Empiezo a besar despacio su cuello, bajando al ritmo que me marcan sus latidos por su pecho hasta debajo de su ombligo. Sé que está ardiendo, puedo quemarme si sigo bajando pero prefiero jugar más con ella. Vuelvo a subir recorriendo mi lengua hasta el centro de su pecho. Acaricio muy suavemente sus pezones, responde y no puedo evitar volver a morder su cuello. El ritmo empieza a acelerarse, el calor comienza a quemar mi piel. Acaricio su vientre, voy bajando y me paro. El corazón se me va a salir del pecho, pero ella decide apretar sus dientes en mi hombro. Sigo adelante, mis dedos acarician su clítoris y suelta un pequeño gemido. Voy subiendo el ritmo, no atiendo ya ni a sus latidos ni a nada que no sea su calor. Sostiene mi nuca con su mano y la aprieta contra ella, con la otra mano me araña la espalda. Entro en éxtasis, dejo de ser yo para convertirme exclusivamente en la parte animal de mí. No puedo evitar jadear del esfuerzo, puedo notar abrasándome el brazo pero no me importa. En este momento ardería entera porque ella siguiese gimiendo. Llega, llega al clímax y me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Subo para besarla, está quieta. La besaría eternamente.
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