viernes, 11 de noviembre de 2011

Deseo

Sus labios rozaron los míos, eran cálidos y suaves, le devolví el beso, era un beso tímido pero caliente. La excitación comenzaba a subir… hacía tanto que lo deseaba…

De repente nuestras bocas se entreabrieron y nuestras lenguas al acariciarse comenzaron a jugar. Le deseo.

Sin darme tiempo a imaginarlo me empujó contra la pared, mientras, sus manos buscaban el broche de mi sostén, entre tanto sus besos seguían haciendo que aumentase en mí el desenfreno. Y al apretarme junto a la pared, al notar su cuerpo junto al mío, noté que no era la única que estaba excitada. Le desabroché el botón del pantalón, y al bajarle la cremallera rocé su pene. Logró liberarme del sujetador, y se arrimó más a mí, noté como su pene estaba completamente erecto. Él también me deseaba.

Me empujó encima de la cama y se abalanzó encima de mí mientras me quitaba la camisa que seguía cubriendo mis pechos. Me volvió a besar de nuevo y comenzó a descender… besaba mi cuello… mis pechos… mi ombligo… Cuando su lengua rozó mi clítoris pensé que moriría. Y allí estaba él, entre mis piernas dándome un placer indescriptible, acariciando con su lengua mi clítoris a la vez que sus dedos comenzaban a buscar la entrada de mi vagina. Agarre su cabeza suavemente, haciendo que mis dedos se entremezclaran con su pelo… Quiero más.

De pronto paró, y comenzó a subir de nuevo, poco a poco, volviendo a besar las zonas anteriormente besadas, ombligo… pecho… cuello… Y al llegar a la altura de mi boca noté como su miembro completamente excitado buscaba la entrada de mi vagina y… aah!. La noté, noté cómo me penetraba, como estaba dentro de mí. Comenzó despacito, una, y otra, y otra vez…

Nuestros cuerpos se fundían en uno, quería tenerle más y más cerca. Comenzamos a sudar, y sin poder evitarlo mis manos arañaban su espalda con cada embestida. Agarré su culo. Placer en estado puro. No podía más, sentía cada vez más y más intensamente, y de repente… Siii! Jooder! Abracé con mis piernas su cintura atrayéndolo más a mí, dejándolo preso dentro de mí, fundiéndonos en un abrazo mientras el orgasmo me hacía gemir de placer, y al segundo él gemía conmigo…

Jadeando los dos, muertos de placer, caímos el uno al lado del otro, y allí en cama, desnudos, y abrazados, nos dimos cuenta de lo que había ocurrido… y era genial.

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